viernes, 29 de junio de 2012

Fotomatones del alma

William H. Hunter, en la década de 1860, se fotografió a si mismo y al revelar la foto apareció el rostro de una segunda persona. Se trataba simplemente de una doble exposición, pero su carácter emprendedor le hizo ver que ahí había un mercado por explotar y empezó a trabajar como médium. Tomaba fotos de personas y las retocaba para que, a partir de fotos anteriores, aparecieran familiares fallecidos en ellas (que eran muchos, por la Guerra Civil Americana recién acabada). Parece que incluso llegó a entrar en las casas de las personas para robarles las fotos de los muertos.
Su fama creció y le llegó a tomar una foto a la viuda de Lincoln, con el alma del correspondiente interfecto detrás:


Pero se le fue la mano, se lió, se lió, incluyó a algún vivo sin darse cuenta y le pillaron. Después de acusaciones de fraude se arruinó y murió en la pobreza.


Pero ese filón no pasó desapercibido y otros médiums se apuntaron a la fiesta. Se convirtió en un tema bastante popular, con defensores de la talla de Arthur Conan Doyle, y surgieron teorías acerca de la sustancia de la que estaban compuestas las almas de los espíritus, el ectoplasma.


A pesar de la fácil que es retocar hoy en día las fotografías, y de la multitud de razones lógicas que pueden explicar la aparición de formas extrañas en ellas, mucha gente prefiere pensar que podemos ver en las fotos lo que no vemos en la vida real.




Que cada uno crea en lo quiera, mientras no haga daño a los demás. Pero no puedo contener mi mezcla de intriga, fascinación y cabreo ante la ingenuidad de la gente.

No hay comentarios:

Publicar un comentario